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La caleña creció entre guitarras, estudios de grabación y figuras famosas que ahora la acompañan en el intento de que el género debe sonar humano
Dary Hortúa habla de su infancia sin intentar convertirla en leyenda. Recuerda una casa donde siempre había músicos entrando y saliendo, canciones sonando a cualquier hora y conversaciones que terminaban inevitablemente alrededor de la música. Antes de pensar en escenarios o lanzamientos, estaba esa sensación de crecer entendiendo que la música popular hacía parte de la rutina diaria de mucha gente.
El acompañar a su padre, Jorge Luis Hortúa, a conciertos y estudios terminó acercándola al oficio desde un lugar bastante menos idealizado del que suele aparecer en las historias familiares de la industria. Lo que más recuerda no son grandes discursos sobre el éxito, sino la disciplina, los viajes, la relación con el público y la forma en que ciertas canciones parecían quedarse instaladas en la vida de las personas durante años.
Esa idea sigue apareciendo mientras habla de ‘Así es la vida’, el sencillo que acaba de lanzar junto a El Charrito Negro, el cual se posiciona en casilla 20 de los charts de la música popular de Acr Decibeles.
El reto de ‘Así es la vida’
La canción, escrita por su padre, no llega presentada como un homenaje solemne ni como un intento de explotar la nostalgia alrededor del apellido Hortúa. Dary la entiende más bien como una continuación natural de una historia musical que todavía conecta con mucha gente dentro del género popular colombiano. Por eso evita hablar del legado familiar desde la presión o desde el drama. En ningún momento da la impresión de querer desprenderse de esa historia. Lo que sí deja claro es que no está interesada en convertirse en una copia de nadie. “Voy a seguir cantando la música de mi papá”, dice durante la conversación, aunque inmediatamente aparece otro matiz: encontrar una voz propia dentro de esa herencia.
Ahí entra una de las partes más delicadas de su proyecto. Dary reconoce que el público de la música popular desarrolla relaciones muy emocionales con ciertas canciones y entiende que reinterpretar ese repertorio implica una responsabilidad distinta. Por eso, habla varias veces de trabajar esos temas “con pinzas”, intentando mantener intacta la intención original sin caer en imitaciones automáticas.
Con ‘Así es la vida’ la experiencia fue distinta por una razón clara: compartir la canción con El Charrito Negro. Si bien Dary lo conoce desde niña, no deja de ser una de las figuras más reconocidas del género. Por ello, recuerda el nerviosismo previo a la grabación, dado que más allá de “cumplir un sueño”; fue el sentimiento estar a la altura de la trayectoria del cantante como del repertorio de su padre.
“Estaba muy nerviosa, casi no me sentía yo y entró ‘El Charrito’ a cabina a decirme que me relajara y cantara la canción desde mi propia experiencia y no desde el peso del apellido”, recuerda. Esto, deja en evidencia que, ‘Así es la vida’ no es una colaboración calculada. Para la joven caleña, es una conversación musical entre artistas que entienden el mismo lenguaje emocional del género.
Parte de esa conexión tiene que ver con la manera en que ambos entienden la música popular. Es decir, no como un producto de temporada, sino como canciones que siguen acompañando momentos específicos de la vida cotidiana. Mientras muchos proyectos regionales buscan adaptarse rápidamente a las tendencias digitales, Dary parece interesada en mantener cierta identidad sonora ligada a las raíces populares colombianas.
Una raíz que se debe mantener
Aunque Dary Hortúa hace parte de las nuevas figuras de la música, se ha ganado un lugar a pulso. Cuando habla de música popular, rara vez se queda solamente en el despecho romántico. Para ella, el género siempre ha estado conectado con algo más cotidiano: el cansancio, las frustraciones diarias, la vida en el campo, la sensación de trabajar mucho y sentirse poco reconocido. Por eso, menciona constantemente las raíces campesinas de estas canciones y las influencias mexicanas que llegaron a Colombia a través de artistas como Pedro Infante, Antonio Aguilar y Vicente Fernández.
También, reconoce que el género atraviesa un momento donde muchos artistas parecen correr detrás de las mismas tendencias. No lo plantea como una crítica frontal, pero sí como una preocupación. Dice que durante un tiempo sintió que “todo empezó a sonar igual”, especialmente con ciertas fórmulas regionales que comenzaron a repetirse dentro de la industria latina. Por ello, insiste tanto en mantener una identidad ligada a la música popular colombiana incluso cuando experimenta con otros sonidos o colaboraciones. “Yo soy cantante de música popular”, repite de manera tajante.
Quizá por eso Dary Hortúa no habla como una artista obsesionada con reinventar la música popular. Habla como alguien que todavía cree que el género tiene sentido cuando conserva algo esencial; es decir, canciones capaces de sonar cercanas a la vida real.
Por: Redacción