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Entre Colombia, España y México, Camilo León construyó una propuesta donde el tiple, el son cubano y la experiencia migrante funcionan como una respuesta al algoritmo y la homogeneización musical.
Camilo León se define como un nómada y es algo que se refleja en su nuevo disco ‘La guachafita’. Aunque autodenominarse nómada puede ser fuerte, lo cierto es que no lo dice como una pose estética ni como un discurso de marketing; es realmente el resultado de un viaje profesional que le permitió construir su identidad musical.
Su historia atraviesa Bucaramanga, la costa Caribe, España, Francia, Hungría y México. Esa movilidad terminó convirtiéndose también en una forma de entender la música, la identidad y la pertenencia. Por ello, en su propuesta conviven instrumentos tradicionales colombianos, son cubano, sintetizadores y una visión crítica sobre la velocidad con la que hoy se consume música. Mientras gran parte de la industria apuesta por fórmulas replicables, León insiste en construir canciones desde la exploración, la memoria cultural y la mezcla de sonidos que encontró viviendo fuera de Colombia.
En medio de algoritmos, inteligencia artificial y tendencias fugaces, Camilo León plantea otra lógica: volver a lo humano. En palabras de él: “La música se está volviendo inmediata, pero lo artesanal va a revalorizarse”.
Te defines como un nómada, ¿por qué?
Soy un nómada que sale de Colombia. Nací en Bucaramanga, mi familia es de Barranquilla y Riohacha, pero desde pequeño me fui a vivir a España. Después pasé por Francia, Hungría y terminé viviendo en México después de pandemia, todo ello en búsqueda académica; por eso, México fue mi última parada y acá me quedé.
¿En qué momento entendiste que esa experiencia migrante terminó entrando a tus canciones?
‘Azabache’ nació de una pregunta muy puntual, ¿alguna vez te enamoraste lejos de casa? Ahí entendí que muchas canciones terminaban hablando de construir hogar mientras extrañas el tuyo. Y, en definitiva, es una canción que me representa incluso más allá de que me inspiré en mi esposa, y es por la mezcla de culturas, pues la canción tiene el sonido del tiple y el son cubano de manera perfecta.
¿Qué encontraste musicalmente viviendo fuera de Colombia?
Uno cambia muchísimo viajando, escuchando músicas nuevas y viviendo otras culturas. Todo eso termina entrando a las canciones. La identidad no aparece de un día para otro; se va armando mientras uno entiende qué cosas quiere conservar y cuáles transformar.
¿Por qué insistir en sonidos tradicionales en un momento donde muchas propuestas terminan pareciéndose?
En Colombia hay demasiadas músicas como para terminar sonando igual. Hay bambuco, bullerengue, cumbia, músicas del Caribe, músicas andinas. Siento que todavía hay muchísimo por explorar ahí.
¿Cómo construiste esa mezcla entre instrumentos tradicionales y elementos modernos?
Fue muy intuitivo. Yo llegué al estudio con una idea de colores y texturas. Quería tiple colombiano, quería son cubano, pero también sintetizadores y guitarras eléctricas. Nunca fue como “vamos a sonar así”, sino encontrar algo que tuviera sentido.
¿Sientes que la industria está empujando hacia sonidos cada vez más homogéneos?
No es una crítica a la música urbana porque hay artistas haciendo cosas interesantes, pero sí siento que muchas veces la industria empuja fórmulas que terminan haciendo que todo suene parecido.
Hablaste mucho de contemplación durante la entrevista, ¿qué se perdió ahí?
Estamos en un momento donde todo tiene que ser inmediato. Las canciones duran menos, la atención dura menos y la experiencia también. Antes uno escuchaba un disco o iba a un concierto para quedarse ahí contemplando.
¿Crees que esa saturación va a generar una reacción contraria?
Sí. Creo que lo artesanal va a volver a tener muchísimo valor. La música hecha con las manos, con instrumentos reales, con comunidad alrededor.
¿Tu proyecto nace más desde la disciplina o desde la búsqueda?
Desde la búsqueda. Nunca fue construir un personaje ni una fórmula. Todo fue apareciendo mientras entendía cómo mezclar las músicas que me atravesaron viviendo fuera de Colombia.
¿Qué buscas realmente cuando haces música?
Crear momentos irrepetibles. Que la gente conecte desde algo humano y no solamente desde el consumo rápido.
Por: Jenny Ramírez