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04 May 2026
Entre el trap melódico y el desgaste del discurso urbano tradicional, el artista antioqueño encontró una forma más íntima de escribir sin abandonar el género.
A Zoti no le interesa endurecer las canciones para encajar en el urbano. Su música prefiere quedarse en otro lugar: el de las emociones que no necesitan convertirse en ataque para sentirse reales.
Antes de escribir canciones, Mateo Herrera Ruiz —nombre de pila del artista— intentó construir una carrera en el fútbol. La música apareció después de una frustración personal que terminó empujándolo hacia la composición. Primero descubrió que podía cantar. Después entendió que también podía escribir.
Ese proceso todavía atraviesa sus canciones. Temas como ‘Luna’, ‘Devuélveme la vida’ o ‘No me debes nada’ parten del desamor, pero evitan caer en la reacción inmediata o en la necesidad de señalar culpables. Lo suyo no es el despecho como espectáculo.
“Me siento mejor escribiéndolo desde esa parte… como de soltarlo con amor”, dice sobre ‘No me debes nada’, una canción construida alrededor de una idea poco común dentro del género: dejar ir sin convertir la ruptura en revancha. Ahí empieza a definirse buena parte de su propuesta.
Mientras muchas canciones urbanas siguen orbitando sobre el exceso, la confrontación o la hipermasculinidad, Zoti trabaja desde otro registro. No porque rechace el género —de hecho, consume buena parte de esa música— sino porque encontró una manera distinta de habitarlo.
“Uno escucha tanto de eso que ya cansa”, admite al hablar de ciertas narrativas repetidas dentro de la escena actual. Su respuesta frente a ese desgaste no es radicalizar el discurso ni presentarse como alternativa intelectual. Lo que hace es reducir la tensión. Sus canciones mantienen estructuras urbanas y bases melódicas cercanas al trap, pero priorizan otra sensibilidad: melodías suaves, letras emocionales y una interpretación que rara vez necesita imponerse desde la agresividad.