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Yeison amplió el público del popular colombiano, fusionó géneros y dejó un legado de presencia y consistencia generacional.
Yeison Jiménez no fue el primero de la nueva ola de la música popular colombiana, pero sí una de sus figuras más determinantes. Sin embargo, antes de que su nombre fuera sinónimo de éxito; el artista pasó por varias etapas con las que logró conectar con la audiencia; esto se debe a que su historia estuvo cargada de entrega, inspiración y la satisfacción de cumplir sueños.
El oriundo de Manzanares, Caldas llegó a la música cuando el género ya estaba en movimiento y contribuyó a empujarlo hacia un espacio que durante años le había sido esquivo: el centro de la conversación musical.
Su impacto no estuvo en reformular el sonido ni en romper con la tradición. Yeison entendió que la música popular no necesitaba transformarse para ganar legitimidad; necesitaba presencia. Y esa presencia se construyó desde la constancia, la circulación y la ocupación de escenarios que antes parecían ajenos al género.
De Corabastos al Campín
Parte del éxito que tuvo Yeison Jiménez en la música se debe a su público. Esa conexión se explica por su historia personal. Su recorrido previo a ser estrella de la industria regional -marcado por vender aguacates en Corabastos, pasar dificultades económicas y una relación directa con la calle- no fue un elemento accesorio de su narrativa, sino una extensión de ella.
El público no encontró en Yeison una figura distante, sino alguien reconocible, cercano y coherente con lo que cantaba. La identificación no vino de la idealización, sino del reconocimiento. En ese sentido, su música funcionó como espejo más que como aspiración abstracta. En cierta medida, su propuesta además de retratar historias de desamor, envidias y frustración, permitió que su audiencia la sintiera cercana y no momentánea; la fórmula estaba allí: historias reales narradas de manera jocosa con tintes reflexivos.
Como cantante, Jiménez obtuvo muchos reconocimientos; no obstante, entre sus mayores logros se encuentra ser el primer artista de música popular colombiana en hacer sold out en el Estadio Campín, hazaña que iba a repetir el próximo marzo; pero que tras su fatal accidente se realizará un concierto en homenaje a su trabajo este 31 de enero.
El popular como raíz de un todo
Entre requintos, guitarras e historias desgarradoras; Yeison vio más allá y no dudó en hablar de regional colombiano; esto al incluir otras narrativas sonoras tradicionales del regional mexicano a su música sin abandonar la raíz del popular. Musicalmente, su aporte estuvo en la apertura. El cantante no abandonó los códigos del popular, dialogó con el regional mexicano, ampliando el lenguaje del género sin diluirlo. Al mismo tiempo, coqueteó de manera directa con el rap, un territorio que admiraba y entendía, no como estrategia de mercado, sino como expresión cultural.
Esa convivencia ayudó a romper una idea persistente: que el popular debía mantenerse aislado para conservar su identidad. En ese sentido, Yeison demostró que la música popular podía dialogar y cruzarse sin perder su eje emocional. El resultado: mayor audiencia y un catálogo enriquecido.
Teniendo en cuenta esto, no es de extrañar que después de su muerte, el comportamiento de su catálogo confirmó el lugar que ocupaba en la música colombiana. Si bien de una u otra manera fue un determinante para ampliar el espectro de regiones, edad y estratos al que llegaba la música popular; el artista logró algo que pocas veces se ve: un dolor colectivo. Uno determinado por su edad, historia, impacto cultural e identidad sonora. Sus canciones no regresaron al dial y plataformas como recuerdo ni como excepción, sino como parte activa de una escucha que ya existía. La reacción del público no fue descubrimiento; fue reafirmación.
Yeison Jiménez no cambió las reglas desde el gesto disruptivo. Las cambió desde la insistencia. Al ocupar espacios, al sostener presencia y al negarse a reducir su música a un solo territorio simbólico, desplazó los límites de lo que se entendía por música popular en Colombia. Su legado no está en haber modernizado el género, sino en haber demostrado que ya estaba listo para ocupar otro lugar.
POR: Redacción