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En Cali, el DJ dejó de ser quien seleccionaba canciones para convertirse en una figura clave de la cultura salsera; DJ Holmes y DJ Marlong Son representan los caminos de la salsa romántica como experiencia y el tornamesa como escenario.
En Cali, la salsa no solo se bailó, también se construyó desde las cabinas de los DJs. Antes de llegar a las plataformas digitales, una canción debía superar la prueba más importante: conquistar una pista de baile caleña. Allí, figuras como DJ Holmes y DJ Marlong Son transformaron el tornamesa en un escenario y al DJ en protagonista de una cultura musical única.
Durante décadas, los DJs de la ciudad fueron quienes definieron el ritmo de la noche. Su trabajo no consistía únicamente en elegir una canción tras otra; también implicaba leer al público, construir una secuencia musical y encontrar el momento preciso para conectar una canción con quienes estaban en la pista.
En la cabina del DJ dejó de ser un lugar secundario y se convirtió en un espacio donde se construyó una forma propia de vivir la salsa.
La revolución comenzó con el vinilo
La relación entre Cali y los tornamesas comenzó mucho antes de que el DJ fuera reconocido como protagonista. En los años sesenta y setenta, los agüelulos —fiestas juveniles sin alcohol que marcaron la vida nocturna de la ciudad— fueron espacios donde los jóvenes caleños adaptaron la música caribeña a su propia energía.
El son cubano y otros ritmos que llegaban del Caribe tenían una cadencia diferente a la que buscaban los bailarines. La respuesta surgió desde los tornamesas, acelerar los discos de 33 a 45 revoluciones por minuto. Ese cambio modificó la relación entre música y baile. Cali desarrolló una forma particular de sentir la salsa, con una conexión más directa entre el ritmo y el movimiento.
En las salsotecas de los años setenta y ochenta, como Siboney, Honka Monka, Melodías del Caribe y Village Gam, el DJ dejó de ser simplemente quien colocaba discos. La selección musical empezó a tener identidad propia. Una canción podía cambiar el ambiente de una noche y una secuencia bien construida podía definir el gusto de una generación.
DJ Holmes, la salsa como memoria
José Holmes Muñoz nació en Morales, Cauca. Su primer acercamiento a la música ocurrió en la emisora de su colegio y a través de un tío que le enseñó a descubrir los detalles de un vinilo.
El desplazamiento provocado por la violencia llevó a su familia a Cali, donde encontró en la salsa una forma de reconstruir su camino. A comienzos de los años 2000 empezó a consolidarse como DJ en los barrios de la ciudad, construyendo una propuesta basada en la conexión emocional de la música.
Para Holmes, una fiesta no depende únicamente de la energía del baile, sino de la capacidad de una canción para acompañar recuerdos y momentos de vida. A mediados de esa década creó Bailatino, un espacio que se convirtió en un referente de la salsa romántica en Cali. Su apuesta fue darle protagonismo a la letra, a la pausa y a canciones que muchas veces quedaban en segundo plano frente a los ritmos más acelerados.
Sus eventos temáticos, como La Noche Romántica, Romantic Summer y Fiesta Blanca, llevaron esa visión a otro nivel al combinar música, producción visual y una experiencia pensada alrededor de la salsa.
Durante la pandemia, sus transmisiones digitales mantuvieron activa esa comunidad y demostraron que la relación entre un DJ y su público podía trascender el espacio físico.
DJ Marlong Son, el tornamesa como escenario
Marlon Steven Bonilla nació en Buenaventura, una ciudad donde la salsa convive con los sonidos del Pacífico, el tambor y una tradición musical propia.
Antes de dedicarse a la música estudió sistemas y tuvo una experiencia en las divisiones menores del América de Cali. Sin embargo, la salsa terminó definiendo su trayectoria.
En 2008 creó su canal de YouTube, desde el cual impulsó la difusión digital de la salsa hecha en Cali y construyó una comunidad alrededor del género. Su siguiente paso fue ampliar la idea tradicional del DJ. Con Marlong DJ Band, también conocido como DJ Marlong Son y La Banda, integró músicos en vivo, mezclas y producción escénica en un formato donde el DJ dejó de estar únicamente detrás de la consola para convertirse en parte central del espectáculo.
La propuesta lo llevó a escenarios internacionales en ciudades como Londres, Valencia, Orlando y Tampa, demostrando que la figura del DJ podía ocupar un lugar protagonista dentro de una presentación musical.
Su proyecto Pacific Live’s también refleja esa conexión con sus raíces, al mezclar salsa con sonidos del Pacífico colombiano y elementos de la cultura afrocolombiana.
Junto a DJ Holmes impulsó además La Fiesta Blanca, un evento que reunió a miles de seguidores alrededor de una experiencia donde la música y la identidad visual forman parte del mismo concepto.
La historia de la salsa en Cali no se explica únicamente por sus bailarines, sus coleccionistas o sus grandes intérpretes. También se construyó desde las cabinas donde los DJs decidieron qué canciones permanecían, cuáles encontraban nuevas audiencias y cómo una ciudad quería vivir su música.
DJ Holmes y DJ Marlong Son representan dos formas de entender ese oficio: uno convirtió la salsa romántica en una experiencia de conexión y memoria; el otro llevó el lenguaje del tornamesa hacia el escenario.
En Cali, el DJ dejó de ser quien simplemente seleccionaba una canción. Se convirtió en una figura capaz de darle forma a la experiencia de la salsa.
Por: Jenny Ramírez
Información: Rodolfo Ovalle.